VI973

 

 

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Casa Huarte – Puerta de Hierro.

_Código:

VI973

_Precio:

4.500.000€

_M²:

Parcela de 2.314 m² – vivienda 1.129 m² (según catastro)

_Ubicación propiedad:

Puerta de Hierro – CASA HUARTE

_Características básicas:

Dada la importancia de Casa Huarte para la arquitectura española del S.XX, se la vamos a presentar resumiendo el gran trabajo de investigación realizado por el arquitecto Jesús Gallo, donde explica cada paso del proyecto. No obstante, aunque se hayan eliminado en este texto algunas explicaciones podremos poner el trabajo completo a su disposición para entender cada rincón de esta gran obra arquitectónica.

 

CASA HUARTE EN PUERTA DE HIERRO (1966):

RELACIONES ENTRE ARQUITECTURA Y NATURALEZA

Autor: Jesús Gallo Gutierrez

(texto resumido)

INTRODUCCIÓN:

Los arquitectos José Antonio Corrales Gutiérrez (1921-2010) y Ramón Vázquez Molezún (1922-1993), madrileño y gallego, titulados en la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1948 y vinculados a ésta como profesores de Proyectos en 1960, colaborarán frecuentemente a partir de mediados de la década de 1950, produciendo una de las obras más reconocidas en la historia de la arquitectura moderna de España, obteniendo la Medalla de Oro de la Arquitectura en 1992.

Desde su comienzo como profesionales, ambos obtendrán diversos reconocimientos, destacando la Ermita de Montaña de Herrera de la Mancha (1948), de Corrales y el Proyecto de Museo del Arte Contemporáneo  en Madrid (1951), de Molezún (realizado durante su pensionado en Roma), por los cuales ambos obtuvieron, por separado, el Premio Nacional de Arquitectura.

En 1954 desarrollarán su primera obra  como pareja asociada, el Centro de segunda enseñanza y enseñanza profesional en Herrera de Pisuerga, Palencia. Entre 1957 y 1958 realizan la Residencia Infantil en Miraflores de la Sierra. El proyecto más reconocido y galardonado tendrá lugar en la Exposición Universal de Bruselas de 1958, donde los arquitectos proyectarán el famoso Pabellón de los Hexágonos.

A partir de estas obras, es posible definir otras cualidades de la arquitectura de Corrales y Molezún en proyectos donde la inventiva, sumada a la estricta precisión y control constructivo, genera obras de alta calidad donde dialogan las nuevas tecnologías con un respeto total hacia su entorno. Según Antonio Fernández Alba: “su dimensión como arquitectos no se puede entender sin aceptar el sentido práctico que le confieren  a sus proyectos, donde el invento que intuye y suscita el ingeniero se superpone al efecto formal que se desprende del método constructivo subyacente solidario de sus edificios”.

En 1966, Jesús Huarte, hijo de Félix Huarte (fundador de la conocida empresa constructora) y mecenas interesado por el arte y las artes aplicadas, encarga a la ya conocida pareja de arquitectos el diseño y construcción de su residencia de invierno en Puerta de Hierro (Madrid). A diferencia de anteriores proyectos Corrales y Molezún propondrán una arquitectura más humana donde la predominante cerámica y madera ocultará la estructura metálica con objeto de crear una atmósfera cálida y acogedora. Este proyecto también se podría interpretar como un experimento donde trasponer a escala doméstica gran parte de los elementos compositivos ensayados en los proyectos previos. Prueba de esto sería la compleja articulación volumétrica mediante el inteligente empleo de la cubierta inclinada, exenta de limahoyas, que dominará la composición.

FUNCION Y FORMA

  • EL EMPLAZAMIENTO

Situada en la Urbanización Puerta de Hierro, colonia de abundante vegetación donde el terreno se divide en parcelas ocupadas por amplias viviendas unifamiliares, en su mayoría grandes mansiones.

La parcela rectangular, de carente significación topográfica y pequeña extensión respecto a la mayoría de propiedades de la urbanización (presenta algo más de 0.2 ha.)

La vivienda se orientará a mediodía, situándola en la zona norte de la parcela y dejando el jardín en la parte sur.

  • DECISIONES INICIALES

El objetivo primordial de los arquitectos fue el de aislar la vivienda de los incómodos ruidos y poco agradables vistas exteriores (según Molezún: “Lo que se veía pasar por delante de la casa eran autobuses, camiones…”). La primera decisión fue crear una topografía artificial mediante plataformas perimetrales escalonadas y ajardinadas en la zona sur, que aislaban a la vivienda de las dos vías rodadas. Este jardín escalonado albergaría en la mayor parte de su interior las zonas de servicio, rellenando de tierra el resto. Tal y como reflejan los arquitectos  en un a entrevista realizada por Carmen Castro para la revista de Arquitectura en 1971: “Se creó un poco el terreno, previamente. Por medio de una serie de muros, rellenados de tierra, el terreno se elevó hacia la calle, ofreciendo un jardín de flores […] Es la creación de un terreno nuevo. Aparte de hacer una casa, se ha hecho un terreno  – se modifica el terreno para que el terreno se acople a la casa-“

De esta manera, se crea una vivienda introvertida que ocupará toda la parcela y se abrirá a una serie de patios interiores. Juan Daniel Fullaondo, en un artículo para la revista Nueva Forma en el año 1967 explica claramente todas estas decisiones fundamentales:

            “¿La parcela es pequeña? La organización residencial la ocupará por entero. ¿El terreno carece de significación topográfica? Las referencias se crearán artificialmente, dando origen a un organismo indisoluble entre edificio y el entorno donde se asienta. ¿Las vistas no existen? Volverán la casa hacia adentro, hacia sí misma, concebirán una estructura residencial hermética hacia el exterior, fundamentalmente introvertida. ¿Se carece de espacio para la tradicional división entre la “casa” y el “jardín”? Los jardines se convertirán en patios, y éstos no serán sino una prolongación exterior de los ambientes internos.”

  • PROGRAMA Y ZONIFICACIÓN

La vivienda ocupa la totalidad de la parcela y se agrupa en torno a cinco patios que responden a cinco necesidades: tres patios centrales se abren hacia las diversas estancias y otros dos se destinan al acceso de servicio y vehículos. En la cara norte de la parcela se sitúan las zonas de estar, incluyendo el dormitorio principal, en la cara sur se disponen las habitaciones de servicio y estancias para los empleados. Dos brazos perpendiculares conectan ambas zonas y albergan en su interior el resto de dormitorios y el comedor-biblioteca.

De esta manera, los arquitectos proponen una clara zonificación de espacios, distribuidos de acuerdo a criterios funcionales (protección, orientación, conexión, flexibilidad y adaptación al cambio y diferenciación de itinerarios), situando los espacios servidores al sur, bajo las terrazas vegetales que separan y aíslan al conjunto de la calle y los servidos al norte, abiertos a los patios, con vistas al jardín escalonado y orientados a mediodía. Según comentan los arquitectos en la memoria del proyecto: “la planta  es bastante elástica y se ha tenido en cuenta que los hijos crecen y la vida cambia, lo cual da origen de una serie de combinaciones y previsiones difíciles de explicar”.

De acuerdo a esta zonificación, se plantean dos accesos diferenciados mediante los dos patios restantes. Al norte se sitúa el principal, separando la vivienda cuatro metros con respecto al límite de la parcela para permitir la entrada de vehículos (según los arquitectos, la casa siempre estuvo pensada para llegar en coche). El patio de luces situado al norte de la parcela coincidirá con el acceso de servicio.

  • GENERACIÓN DE LOS ELEMENTOS

Tanto la vivienda como jardín conforman una misma unidad y están trazados de acuerdo a unos mismos ejes estructurales ortogonales. El diseño  regular y ordenado de las plataformas escalonadas, así como el de las zonas ajardinadas y pavimentadas del patio, se podrían entender como una prolongación de los espacios de la vivienda, que se ajustan a unos límites muy claros marcados por la parcela.

Tal como afirma Darío Álvarez: “ La estructura geométrica de la planta de la casa se traslada al jardín, que se distribuye según una regla similar en la definición de los anchos de las bandas ocupadas por caminos, setos, alineaciones de árboles, césped, etc…”.

ANÁLISIS EXTERIOR

  • VOLUMETRIA Y MATERIALES

Según Fullaondo: “Cada unión, cada encuentro de plano, faldones, muros resueltos con la misma poética, siempre incitando, a través de diferencias rítmicas, o de matices de desplazamiento, incitando, repetimos, a la sorpresa, a la aventura del encuentro, con una inmediata, insólita, inesperada fractura”. […] “El sistema de cubiertas es muy popular, como una casa de pueblo, a un agua todo, con unas piezas de chapa que rematan muy limpiamente el edificio. Se parece a una zona de un pueblo de cubiertas libres. No parece que esté organizado”. […], y haciendo mención a la recreación de un paisaje rural: “ No cabe mayor economía compositiva, y sin embargo, con estos escasos y sencillos elementos se ha conseguido una increíble variedad volumétrica, espacial, visual, que nos retrotrae a la misma concepción de los densos y abigarrados organismos populares”

Presenta una volumetría fundamentalmente horizontal.

Desde sus comienzos, Corrales y Molezún, utilizarán materiales humildes como el ladrillo y la baldosa cerámica en numerosas ocasiones, ya sea por la escasez de materiales  durante el periodo de autarquía en España o quizá por respeto a la arquitectura vernácula que  ya demostraban los arquitectos  más destacados de las generaciones de posguerra. Gracias al cómodo presupuesto con el que se cuenta para la construcción de la casa Huarte, se emplean materiales de gran calidad y resistencia: ladrillo de gres de Segovia en las paredes (siendo también de gres los pavimentos interiores y exteriores), teja plana vidriada en la cubierta y madera de cedro en las carpinterías, dando así una atmósfera cálida, acogedora y reconociblemente familiar.

CONCLUSIONES

Angel Urrutia en su libro Arquitectura Española en el siglo XX describe las primeras obras de Corrales y Molezún como obras funcionalistas a la vez que orgánicas. La vivienda de Jesús Huarte será definida como “composición cálida, orgánica y humana”  frente a los proyectos previos de marcado carácter funcionalista e industrial. Con objetivo de poder entender y justificar estas definiciones, se ha realizado un estudio sobre la vivienda, analizando su programa, su volumetría, su trazado y  sus espacios exteriores, destacando así una serie de características que podrían clasificar al proyecto dentro de las siguientes líneas o “estilos”.

            HUARTE RACIONAL

El trazado de ejes ortogonales que responden tanto al trazado de la vivienda como al de las zonas exteriores otorga  unidad compositiva y orden al conjunto. A pesar de los diversos matices en planta y alzado, se trabaja con volúmenes y geometrías sencillas y controladas, posiblemente con objeto de buscar una simplificación constructiva y estructural (se reducen los tipos de encuentros y se unifican los espesores de muros, los ángulos en la cubierta y los tipos de materiales empleados, etc…). La libertad espacial en planta, dada fundamentalmente en las zonas vividera, podría ser otra distinción clara de una arquitectura pensada de acuerdo a criterios racionales.

            HUARTE FUNCIONALISTA Y ORGÁNICA

La vivienda está diseñada en función de las necesidades de la familia (el ser humano, como parte más importante del proyecto). Esto se traduce en una zonificación espacial de acuerdo a criterios funcionales (orientación de las estancias principales a mediodía, zona de servicios separada y dispuesta como protección frente a la calle, …), generando una planta flexible que se adapta a los posibles cambios en la vivienda (como emancipación de los hijos, según comentan los arquitectos) permite la posibilidad de diversos itinerarios y conexiones (lo cual evita “desplazamientos repetitivos”) y se abre en torno a 3 patios íntimamente ligados a las estancias, que, a su vez, ordenan la vivienda y establecen diferentes niveles de privacidad. La dimensión y articulación de los volúmenes responde a estos mismos criterios funcionales de manera que no será igual el espacio destinado a los dormitorios, que el destinado a sala de juegos, comedor o biblioteca. Esto ha supuesto la generación de una composición compleja (a pesar de resolverse mediante métodos sencillos y simplificados) derivada de las necesidades y requerimientos de los usuarios.

El empleo de materiales como la cerámica y la madera, así como la abundante y colorida vegetación tapizante, contribuyen a crear una atmósfera cálida, acogedora y familiar, respondiendo una vez más a los requerimientos del ser humano, figura clave en la composición arquitectónica.

Los arquitectos toman la naturaleza como referencia para elaborar una nueva topografía mediante la abstracción de un paisaje o elemento natural (una montaña), que, desarrollada de manera racional mediante plataformas escalonadas y ordenadas según los trazados reguladores del edificio, protegen a los usuarios frente a la contaminación acústica proveniente de las vías contiguas, a la vez que suponen un enriquecimiento espacial, generando diversas perspectivas en función de su situación dentro de la parcela

            HUARTE PAISAJÍSTA

Quizá el punto de vista más discutible. La vivienda se cierra a la naturaleza exterior, obligando a los arquitectos a incorporarla artificialmente en el proyecto mediante diversos tipos de vegetación (árboles que permeabilizan las  vista, setos, plantas y flores diversas) a lo largo de las terrazas del jardín. De esta manera, los escalonamientos podrían entenderse como la recreación de un paisaje natural mediante un procedimiento artificial (como se ha comentado en el punto anterior), en contraposición a un terreno inicial carente de significación topográfica. A su vez, tal y como afirman los autores, la variada composición volumétrica aparentemente desordenada de la vivienda se podría relacionar con un típico paisaje rural denso y abigarrado donde los campesinos construyen sus casas de acuerdo a criterios funcionales (adaptación a la parcela, orientación, condicionantes del trabajo,…)

Según este análisis, podríamos clasificar a la casa Huarte como un proyecto racional, a la vez de funcionalista y orgánico. Sin duda, la complejidad a la hora de describir el proyecto hace referencia a la difícilmente clasificable obra de esta notable pareja de arquitectos, que rebosa de inagotables inquietudes y experimentaciones constantes en diversos campos de la arquitectura moderna en el siglo XX.

Con objeto de continuar el estudio y abrir nuevas vías de explotación en torno al resto de obras de esta notable pareja, finalizo el ensayo con la descripción que Rafael Moneo realiza con motivo de la entrega de la Medalla de Oro de la Arquitectura en 1992:

“Claridad en el trazado de las plantas y secciones, hábil manejo de una volumetría que con frecuencia es dramática y contrastada, conciencia y asunción del riesgo al explotar nuevos elementos constructivos, explícita satisfacción en el encuentro del material apropiado… Tales son, a mi entender, los atributos de la arquitectura de Corrales y Molezún, atributos que se hacen notar ya en sus primeras obras y que todavía están presentes en las últimas. Una justa y sabia proporción lleva a que la obra de Corrales y Molezún se nos presente como natural, espontánea, fresca, falta de retórica. Diríase que la invade una admirable confianza en que la arquitectura bien pulsada, sólo por el hecho de poder dar razón de sí misma, es capaz de enfrentarse con éxito y sin miramientos a la realidad circundante. De ahí que pueda clasificársela como de optimista”

_Fotografía de autor:

 Javier Cardenete

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